Aprendizajes Laicos, un tajo en la escuela normalista: parte 6

Parte VI: Lxs  profesorxs, cautivxs de sus propias  prohibiciones

El colectivo docente tuvo en general un comportamiento cuasi colaborativo  mostraba una actitud natural que desmentía los comentarios que circulaban hondamente por la escuela, no se expresaban abiertamente lo que hubiera contribuido positivamente a enriquecer el proyecto. Tampoco devolvían las opiniones que los pibes y pibas realizaban en otras asignaturas lo que hubiera sido muy útil para conocer las dudas o interrogantes que quedaban de la información que se brindaba en los talleres como así mismo la posibilidad de crear nuevos sentidos o reforzar conceptos teóricos

Esta imposibilidad de entusiasmar a los docentes como al resto de los actores escolares disminuyó el esfuerzo educativo y se perdió la posibilidad de transferir conocimientos a lxs que eran señalados por la ley que debían hacerse cargo de impartir estos conocimientos.

Tampoco favoreció la negativa de la provincia de homologar la ley nacional y menos aún de declararla de interés provincial. Desde la escuela presentamos al gobierno provincial en la persona de la entonces ministra de educación un proyecto de capacitación  para los docentes cuando ya habíamos transitado diez años de experiencia. La respuesta fue que el tema no era de interés de ese ministerio (obra en la escuela el Expte. con el proveído).

Nuestra interpretación acerca de la actitud de lxs docentes fue la imposibilidad que tuvieron para superar el miedo a hablar de temas que nunca habían tratado con sus hijos pero tampoco con sus padres  amigos  o compañeros. El tema del tabú predominó sobre los conocimientos que la ciencia proponía para vivir una sexualidad saludable, lo que incluye no solo la genitalidad sino los afectos, el amor, los vínculos, las relaciones de poder entre los géneros, la discriminación y la comunicación entre otros tantos.

La cultura judeocristiana que impregnó el entretejido de costumbres valores y tradiciones de nuestros pueblos originarios dejó un contexto sociocultural cargado de prohibiciones y conductas que no favorecieron la vivencia libre de la sexualidad como una dimensión del ser humano y generó barreras infranqueables en nuestra cultura actual contribuyendo a la colonización de ideas de nuestros pueblos lo que pudimos observar a lo largo de los años trabajados en la escuela y no solo en los temas de educación sexual.  

Estos mandatos culturales que interfieren en el logro de mayores libertades y posibilidades para ofrecer soluciones a problemáticas sociales como por ejemplo las maternidades tempranas, permanecen aún y conviven con líneas de pensamientos que indican que la sexualidad pertenece al ámbito  privado de los individuos y que no es necesaria su educación, como así mismo la escuela no es reconocida por los docentes como el actor imprescindible para esta tarea.

Hubo mujeres madres y docentes que tuvieron otra visión acerca de la educación y en especial de la educación sexual, que acompañaron y apoyaron el proyecto. Este grupo eran las que militaban -entre otras reivindicaciones- por los derechos docentes, l por el Fonid, por la efectivización de los cargos docentes, por la elección directa de las  autoridades de la escuela que hasta entonces eran designadas por el rector o rectora electa.

Estas luchas estuvieron presentes en el itinerario docente en las  décadas de los 90 y los 2.000, nunca faltaron necesidades insatisfechas ni demandas  colectivas que reclamar ante los poderes hegemónicos y patronales  para las cuales se hacía necesario   poner el cuerpo y jugarse con  y por  lxs compañerxs. 

Definitivamente fueron lxs estudiantes quienes masivamente legitimaron esta formación pedagógica, accionando muchas veces desde el Centro de Estudiantes por sus propias reivindicaciones y otras junto a las de lxs docentes. 

Continuará…

Por Marta Fourcade

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